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Arte y culturaIniciativa femenina

Medalla al Mérito Fotográfico para Lourdes Almeida

Por Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)

Asomarse a la obra de Lourdes Almeida (Ciudad de México, 1952) es escudriñar en un gabinete de curiosidades donde se encuentran fotografías maceradas en frascos, imágenes de sirenas de gasas flotantes, retratos de familia, escarabajos con cabeza de geisha y tacón en punta, huestes celestiales y zapatos perdidos a medio desierto; sus creaciones son una transgresión lúdica de los rígidos esquemas de los procesos fotográficos, inventiva por la cual este jueves 24 de agosto recibirá la Medalla al Mérito Fotográfico.

Esta singular exponente de la “ritualística fotografía construida”, como la define el crítico José Antonio Rodríguez, recibirá el reconocimiento junto a Marco Antonio Cruz y Eniac Martínez en el Decimoctavo Encuentro Nacional de Fototecas que arranca sus actividades en Pachuca, Hidalgo. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) concede este galardón a través de una de las  instituciones más importantes del país en la materia: la Fototeca Nacional.


Lourdes Almeida es una de las autoras más versátiles de la fotografía mexicana contemporánea, sobre su obra se ha escrito una tesis en Historia del Arte y dos ensayos; además se han publicado nueve libros monográficos con su trabajo de autor.

Niña con leche. Foto Lourdes Almeida

Sin embargo, su propuesta no siempre fue comprendida; en un periodo en el que la fotografía documental de denuncia emergía en México, hacia fines de los 70 e inicios de los 80, lo suyo, a decir de algunos críticos, eran “payasadas” y una “pérdida de tiempo”.

Al regresar al país proveniente de Florencia, Italia, donde realizó sus estudios de fotografía y aprender de viva voz de Manuel Álvarez Bravo la importancia de la espera y la reflexión detrás de cada toma, Lourdes Almeida encontró dos cómplices igualmente interesados en llevar la fotografía a territorios poco explorados: Gerardo Suter y Javier Hinojosa. Juntos formaron un espacio de experimentación al que llamaron el Taller de la Luz.

“Éramos tres curiosos inconformes, y la innovación a que nos atrevíamos siempre fue mediante el divertimento, nos proponíamos tareas, discutíamos. Pero en ese momento lo preponderante era la fotografía documental y el reportaje gráfico, por eso cuando El Taller de la Luz expuso en el Museo Carrillo Gil, incluso a Lázaro Blanco le otorgaron un premio a la crítica por destrozar nuestro trabajo.

“Y ahora todo mundo hace foto construida, ahora es lo preponderante”, comenta Almeida en un giro del destino.

La creadora fue una de las tempranas figuras que llevaron a sus límites el uso de la foto Polaroid en nuestro país, en un principio le decían que hacía “fotitos de vitrina”, pero ella disfrutaba de las posibilidades de la Polaroid DX70, podía meter las fotografías al horno, romperlas, o como gustaba con las formato 4 x 5, retirar la emulsión a la foto y pegarla a una tela. Nuevos procesos de impresión, soportes para la imagen y tratamientos de la misma, siguen hasta ahora en el desarrollo de cada serie a la que da vida.

Lourdes Almeida es fiel a sus instintos, aunque se convierta en un pez a contracorriente. Por ejemplo, en la etapa de la fotografía tradicional, sus enfoques y temas no olvidaron la femineidad, la tradición y la familia. Como ella recuerda, los álbumes familiares de su extensa familia —ha heredado una colección de retratos del siglo XIX— representaron su primer contacto directo con la fotografía, imágenes que despiertan en ella algo tan entrañable que continúan siendo un leitmotiv.

Una vez cavilando sobre su interés de hacer los retratos de familia de sus hermanos y primos, se dijo: ¡pero por qué me limito!, ¡voy a recorrer todo el país retratando familias! Ese proyecto que le llevó tres años de viajes por ciudades y pequeños pueblos, entre 1992 y 1994, dio lugar a Retrato de familia, la nación mexicana. Una obra que ahora podría considerarse documental y por el cual recibió el Premio Camera de la UNESCO, en 1996.

Chiapas. 1992. Foto Lourdes Almeida

Retrato de familia terminó reflejando lo que es la sociedad mexicana, a un país pluriétnico. ¡Y caray!, han pasado 25 años y al verlo a la distancia me doy cuenta que los proyectos siempre te rebasan y terminan siendo algo mejor que lo imaginado en un principio”.

Por la actividad estética, Lourdes Almeida es una autora de objetos bi y tridimensionales, como los altares y retablos de las iglesias. Lo híbrido conjuga en su trabajo desde hace un par de décadas si bien el sustrato es barroco; en ese mismo sentido acontece la incursión de colores mexicanamente explosivos como se observa en Corazón de mi corazón; Huestes celestiales y Laberinto de quimeras.

En este siglo XXI, la fotografía se autosuperó, pero Lourdes discute la idea de algunos fotógrafos que prefieren nombrarse autores en “técnicas alternativas”.

“En mi caso yo sigo considerándome fotógrafa. En el caso de mi proyecto sobre migrantes, fotografío sus zapatos, los recortó y los pongo en mis metáforas; es cierto que uso las herramientas tecnológicas a mi alcance, pero parto de la cámara. Todo lo que hago resulta de iluminar con luz y mi pincel es la cámara”.

Para Laberinto de quimeras creó tres portafolios que expresan obsesiones inquietantes, incluyendo apropiación de imágenes y fotografía construida, que nos hablan del fetichismo en los seres humanos. El primero es un túnel del tiempo, es femenino y está compuesto por 15 fotografías de mujeres donde se encuentran algunas situaciones oníricas.

El segundo, Las apariencias engañan, es masculino, está compuesto por 18 imágenes de hombres con zapatos de tacón. Almeida parte de una teoría de Sigmund Freud en la que establece que el inconsciente es andrógino, por lo que esta obra busca expresar dicha ambivalencia. Finalmente, El insectario probable del Dr. Jünger, son coleópteros con zapatos, es una vuelta de tuerca de las formas y contenidos en los dos portafolios anteriores.

Como verdadera cocinera de artilugios, Lourdes Almeida especula y transmuta la materia al punto de engañarnos, o quizás es una forma de invitarnos a mundos de fantasía que  sólo algunos se atreven a imaginar y crear.

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