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Feminismo

Mujeres y empoderamiento económico

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ONU Mujeres asegura que “invertir en el empoderamiento económico contribuye directamente a la igualdad de género, la erradicación de la pobreza y el crecimiento económico inclusivo”. Entonces, si nos beneficia a todos, ¿por qué no sucede?

El problema tiene raíces culturales, y sí, está directamente relacionado con el machismo. La forma en la que se educa a las niñas ocasiona una desigualdad cíclica que comienza desde la subestimación del propio sexo, los referentes femeninos convencionales y una formación que fomenta la dependencia, hasta empresas con políticas que no benefician la equidad de género.

De esta manera, el mensaje, que muchas veces no es “hablado” pero sí  visible, nos transmite que este mismo sistema no permite el “compartir” el poder adquirido, ¿por qué? En gran parte, porque significaría el disminuir los privilegios (que son injustos) de quienes los tienen.

Esta discriminación de género ocasiona que muchas mujeres sigamos en trabajos que son malpagados, inseguros o que seamos una minoría en los puestos directivos.

Así, seguimos en trabajos informales  que además de que no ofrecen una estabilidad económica, nos imposibilitan beneficios como el seguro médico. Como resulta obvio la dependencia económica también está relacionada con la violencia de género porque se utiliza como una manera de sometimiento de la pareja.

“El empoderamiento económico de la mujer es un buen negocio. Las empresas se benefician enormemente al aumentar las oportunidades en cargos de liderazgo para las mujeres, algo que ha demostrado aumentar la eficacia organizacional. Se estima que las compañías donde tres o más mujeres ejercen funciones ejecutivas superiores registran un desempeño más alto en todos los aspectos de la eficacia organizacional”.

¿Qué podemos hacer?

El camino es difícil, pero podemos comenzar por generar mayor consciencia.  En primer lugar, luchemos por erradicar los estereotipos de género: quitemos la idea de que las niñas de casa están hechas para servir, y evitemos hacer burlas sobre la sensibilidad de los niños. Fomentemos nuestra autoestima e independencia, seamos un fuerte referente de amor propio.

Exijamos mejores condiciones laborales. Muchas veces las empresas son quienes más dificultan el empoderamiento económico de la mujer, al obstaculizar su crecimiento por cuestiones propias del género.

Evitemos “romantizar” al otro, y tengamos una consciencia más plena del por qué estamos en una relación o el por qué deseamos casarnos.

Comencemos por querernos y trabajar en nuestra autoestima, que de aquí vienen muchos otros cambios positivos para nosotras.

Los hechos

  • Por cada año adicional de formación para las mujeres en edad reproductiva, la mortalidad infantil disminuyó en un 9.5 %.
  • Al combinar el trabajo remunerado y el no remunerado, las mujeres de los países en desarrollo trabajan más que los hombres, destinando menos tiempo a la educación, el ocio, la participación política y el cuidado propio.
  • Cuando el número de mujeres con trabajo aumenta, las economías crecen.
  • Al incrementar los ingresos al hogar, se modifican los patrones de gasto en formas que benefician también a hijos e hijas.
  • El aumento de la educación de las mujeres y las niñas contribuye a un mayor crecimiento económico.

Información: ONU Mujeres.

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