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Feminismo

Trabajo doméstico: esfuerzos invisibilizados

Valoremos el trabajo doméstico

¿Qué tanto valoramos el trabajo doméstico? Bajo la pregunta de “¿Cuánto tiempo inviertes diariamente a las tareas domésticas y de crianza en el hogar?”, Patricia Carmona y Ricardo Ayón de GENDES A. C., invitan a reflexionar sobre el trabajo en el hogar y así poder visibilizar este gran esfuerzo que, tradicionalmente, realizan las mujeres.

“Estas tareas normalmente no las tenemos visibilizadas, en primer lugar, como trabajo; no vemos la importancia que tienen en nuestra vida”, puntualizó Patricia Carmona.

Los miembros de GENDES destacaron que la carga excesiva y poco valor que se le da al trabajo doméstico es uno de tantos temas que alimenta la desigualdad de género, pues es un problema que al no verse se minimiza, y ocasiona que las mismas mujeres también sean desvalorizadas, aumentando así la brecha de desigualdad.


Patricia Carmona explicó que tradicionalmente,  en esto de la división sexual del trabajo y que se piensa es el origen de la desigualdad en estos términos, coloca a los hombres como proveedores en lo público,  lo cual pone a las mujeres como las únicas responsables del cuidado en la crianza, el trabajo doméstico y de todo lo correspondiente al ámbito privado. De esta manera, se generan y se acentúan desigualdades con altos costos para la vida de las mujeres.

Además, Ricardo Ayón destacó que las mujeres también están en el trabajo público en su vida profesional, pero que las tareas en el hogar siguen siendo excesivas para ellas, pues la mayoría de los hombres consideran que el aporte económico que ellos realizan es su única obligación.

“Un hombre llega del trabajo y se pone a ver televisión, mientras que la mujer termina su jornada laboral y continúa trabajando de manera no remunerada en el hogar”.

La reflexión a la que invitó GENDES también incluye reconsiderar el factor biológico, pues culturalmente se piensa que al ser la mujer quien pare a los hijos y los amamanta, le corresponde a ella el cuidado exclusivo, o en mayor parte, de los hijos (y de las tareas del hogar).

“Lo anterior está ligado a ideas que pensamos que son naturales pero no lo son tanto. Tienen que ver con cosas que aprendemos, que reproducimos  y que muchas veces el pretexto es lo biológico”, puntualizó Patricia Carmona.

La idea de hacer visible esta reflexión incluye también propuestas, por ejemplo: “Si soy hombre y no puedo amamantar, ¿qué puedo hacer?” La lista es extensa y variada: dar biberón, limpiar la casa, lavar la ropa hacer la comida e involucrarte en la vida directa del bebé (sacarle gases, dormirlo u otras tareas).  Involúcrate o involucra a tu pareja.

Consideremos que fomentar la iniciativa es también importante: el objetivo es acabar con la desigualdad, y por consecuencia las mujeres deben de cargar con menos carga mental sobre las tareas del hogar.  Como bien dicen: “La creencia socializada en género es que esas actividades le corresponden a la mujer, hay que cuestionarlas y proponer formas distintas de convivencia”.

“Se tiene la visión de que la familia así es y así debe de funcionar. Que el hecho de parir y criar a personas en vías de ser trabajadores es obligación de las mujeres, pero nunca se ve el aporte que ellas hacen desde lo llamado ‘amor de mamá’ lo cual tiene que ver con obligaciones”,  comentó Patricia Carmona.

Los miembros de GENDES explicaron que comúnmente para que un hombre triunfe o salga al mundo laboral tuvieron que pasar muchas cosas en casa, y que incluso el trabajo no remunerado de los cuidados que la mujer ofrece producen el 24.2% del PIB según datos del INEGI, lo cual representa $24 billones de pesos.

La mirada patriarcal nos dice que lo que importa es lo de afuera, lo productivo,  pues consideran que las mujeres no producen, punto que invalidan los mismos datos ofrecidos por el INEGI.

El desequilibrio no es sólo económico, sino también dentro del hogar, comentó Patricia; el INEGI también señala que las mujeres emplean casi tres veces más de tiempo que sus parejas en tareas domésticas, esto genera desde que sean menos remuneradas hasta la afectación del ejercicio de sus derechos y oportunidades laborales.

Esto ocasiona que muchas mujeres no tengan seguridad social, vivan en la precariedad salarial y no cuenten con un plan digno de jubilación.

Así, se invalida también el argumento de que es igualitario el hecho de que ambos trabajen, una en el hogar y otro en lo profesional, pues así el primero no está recibiendo remuneración y reduce sus oportunidades laborales y de calidad de vida.

¡Comparte! Fomentemos la reflexión sobre las tareas de trabajo doméstico, para así lograr el cambio.

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